14 de junio de 2007

Cambio en la ley electoral.

El programa la ventana de la cadena ser tienen los lunes un interesante espacio de debate con actores políticos de la era de la transición, a mi me resulta bastante interesante seguirlo por lo que de historia viva tiene cada uno de sus contertulios y porque en más de una ocasión, se permiten licencias en las declaraciones muy reveladoras, la última la protagonizó el señor Herrero de Miñón.

Mantenían un interesante debate sobre los resultados electorales y vino a sobre volar el mismo el tan famoso tema de la ley electoral, gestada en su época de responsables políticos, justo en ese instante me instalaba en mi vehículo cuando tuve la suerte de escuchar la afirmación de "que duda cabe que la ley electoral fue pensada, entre otras cosas, con el objetivo de que el Partido Comunista no accediera a la respresentación en la cámara". Quizá esto sea de conocimiento general del común de los mortales que vivieran la transición directamente pero, para mi inocente cerebro de niña nacida en el 79, me supuso una enorme indignación.

Esto me ha dado vueltas durante toda la semana porque me parece a mi, que si queremos ser demócratas, alguien debería empezar a plantear que hay posiciones políticas que son discriminadas en la representación electoral por el único motivo de su ideología, es decir, que la constitución ampara leyes que contradicen su propia letra cuando defiende la no discriminación por razón de ideología.

Cualquier opción de la izquierda transformadora, tiene que obtener el doble de apoyos que los partidos mayoritarios de la derecha y la socialdemocracialiberal para obtener un escaño, y esto, que se defiende desde el derecho legítimo de la igualdad en la representatividad de cada una de las provincias, tiene arreglo salvaguardando dicho derecho.

Me explico un poco más, hay varias personas en la izquierda, aunque algunos les sorprenda también hay gente lista a este lado del mundo, que han hecho cálculos para posibles modificaciones de la ley electoral, y parece ser, que si en lugar de contar como circunscipción la provincia lo hiciera la comunidad autónoma, la injusta proporcionalidad en el reparto del voto se rompería. Esta propuesta que si no me engañan mis informantes ha sido estudiada por Jaime Aja, desde la FIM, gracias Jaime, seguro que solo es una de las posibles. Abramos este debate cuanto antes.

Creo que, aunque queda muy poco para unas elecciones generales no debemos , sobre todo desde Izquierda Unida , dejar de reclamar un cambio em la ley electoral que permita acabar con el injusto trato que recibe el derecho de electores y partidos políticos en la contienda electoral.

5 comentarios:

  1. Hace ya muchos años que propusimos lo de la CA como circunscripción para las generales (tampoco podemos hacer circunscripción única, porque si no a quién le va a importar el voto de los sorianos y nos les hacen ni media inversión). Fíjate, lo defendíamos incluso cuando nos iba requetebien...

    Un beso, Tania

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  2. Mira este artículo de Salvador López Arnal, compañero sacristaniano...


    O como se explica lo difícil que es cambiar la ley electoral. 15-06-2007

    A los 30 años de las primeras elecciones tras la dictadura
    El diseño del 15-J


    Salvador López Arnal
    Rebelión
    En una tertulia política que presenta Gemma Nierga en la cadena SER intervienen todos los lunes por la tarde, o casi todos los lunes, Pere Portabella, Miguel Herrero del Miñón y Santiago Carrillo.
    Generalmente, la conservación muestra dos cosas. La primera, acaso la menos importante políticamente. Santiago Carrillo, a sus noventa y largos años, se mantiene con una cabeza envidiable. Sigue siendo un político con una agudeza extraordinaria. No pierde detalle. Sabe donde está el asunto central y donde están las ramas que no merecen ser transitadas y, curiosamente, es capaz de incorporar en su discurso en ocasiones temas nuevos, alejados de los asuntos usuales de la tradición política de la que formó parte durante tantos años. Desde luego, lo anterior no implica de ninguna de las maneras coincidir siempre o frecuentemente con sus posiciones.

    La segunda, la más significativa. Los tres suelen estar bastante de acuerdo, demasiado de acuerdo. Actúan como señores educados de la política, es cierto. Están en un programa de radio, es cierto también. Herrero y Carrillo tienen sus años. Sin duda. Pero sus puntos de vista, cercanos como decía en muchas ocasiones, no sólo demuestran la evolución de las gentes sino apuntan también a los extraños pactos de la transición política española.

    Decían: suelen estar de acuerdo. Pero no siempre. Esta vez, este lunes 11 de junio discreparon, con cuidado, con mucho cuidado en las formas, sobre el siguiente asunto.

    Empezaron a hablar acerca de las elecciones legislativas del 15 de junio, las primeras del postfranquismo. Herrero del Miñón señaló que más allá del resultado estas elecciones habían sido importantes, eran muy importantes, por su limpieza democrática. Nadie discutía la bondad del resultado, todo el mundo aceptaba los datos electorales, cosa netamente singular en la historia del país donde hasta entonces, dijo Herrero sin excluir la época republicana, los resultados eran fruto de presiones, falsedades y caciquismo.

    No está claro que eso haya sido así forzosamente. En revistas de la época, como El Cárabo, por ejemplo, una publicación de extrema izquierda que entonces dirigía el compañero Joaquín Estefanía, se publicaron artículos, documentados artículos, donde los datos electorales y su evolución parecían señalar un pacto entre las grandes fuerzas políticas que evitara a toda costa que UCD, el partido del presidente Adolfo Suárez y, entonces, del señor Herrero del Miñón, perdiese las elecciones, admitiendo eso sí que el PSOE pudiera conseguir un excelente resultado.

    Olvidémoslo. Supongamos aunque no admitamos la total limpieza del resultado. Importa más bien que Herrero de Miñón comentó a continuación que él se sentía muy feliz no sólo por el resultado sino por la evolución política electoral que entonces se había iniciado y que había conducido poco a poco al mapa actual: dos grandes fuerzas políticas que reunían más del 80% del total del electorado español. Él, comentó orgulloso, fue el responsable, en un 90% matizó modestamente, de la ley electoral todavía vigente que, añadió, y tal vez fuera un desliz, tenía una finalidad básica: evitar a toda costa un buen resultado del PCE. La ley se había diseñado, Herrero la había pensado, precisamente para evitar que el PCE pudiera tener un grupo parlamentario que se correspondiera con la fuerza política que se pensaba podía alcanzar.

    Carrillo preguntó sobre ello. También Portabella explicó alguna anécdota. Más allá de la descripción de lo sucedido, inquirió Carrillo, distinguiendo perfectamente entre lo fáctico y lo normativo, se sentía Herrero feliz por ello. “Miguel, ¿y tú te sientes bien por esta planificación electoral, por este diseño que no aspiraba a un mapa representativo, sino sobre todo a marginar u orillar al Partido Comunista de España?”.

    Miguel Herrero del Miñón, vacilante ante la pregunta, ante el obvio desacuerdo de Carrillo, comentó que sí, que se sentía feliz, que visto lo visto, visto el resultado alcanzado en la fecha actual no había nada que objetar. No tenía nada que objetarse. El país era perfectamente normal, moderno, europeo, con dos grandes fuerzas que se alternaban, y lo dijo así, precisamente así, en el gobierno.

    Nada nuevo dirán. Nada nuevo pero algo sí. Lo que hasta entonces era una mera conjetura de politólogos, de políticos de izquierda, de miembros del PCE y de la izquierda comunista de la época, ha quedado corroborada directamente por el testimonio de uno de los máximos responsables del desaguisado. La ley electoral de junio de 1977 tenía como objetivo situar al PCE, de golpe o poco a poco, en el archivo de los trastos inútiles. No es ya una conjetura izquierdista, no es una ensoñación de iluminados de izquierda, es una hipótesis verificada por un testimonio directo, responsable máximo del tema.

    Puede pensarse que las palabras de Herrero del Miñón constituyen un testimonio sesgado que pretende dar ahora la razón al PCE y a quienes defendieron en el desierto, y en la incomprensión general, esa tesis sobre el 15-J y la transición. Estarán conmigo que es muy poco razonable pensar una cosa así.

    Un poeta y filósofo, José Mª Valverde, que se hizo comunista con el tiempo, de mayor, entre otras razones por el ejemplo mostrado, que no manifestado, de Manuel Sacristán, dio una vez un chiste para una revista de filosofía de estudiantes. Claraboya era el nombre de la publicación. Cuatro viñetas en total. En la primera se veía un hombre meditando. En la segunda, a la Aristóteles, decía pensando las palabras: el ser se dice de muchas maneras. En la tercera continuaba su reflexión: como sustancia, como accidente… En la cuarta, concluía: y además se dice como una cadena radiofónica.

    Pues eso, como el ser de la cadena SER. Encadenados a una ley democrática cuyo máximo diseñador confiesa abiertamente que no pretendía la representación democrática de la ciudadanía sino la marginación paulatina de una fuerza que había sido esencial en la lucha democrática contra el fascismo, en el desigual combate contra el nacional-catolicismo hispánico.

    Digamos, pues, que la transición, como ha demostrado entre otros Joan Garcés, no fue tan modélica, o que lo fue por otros motivos muy diversos que no suelen citarse, y que en su planificación intervinieron Departamentos de Estado, potencias europeas y dirigentes e intelectuales orgánicos de las clases que han mandado y siguen mandando en el país.

    Nada nuevo. Pero sin trampas ni engaños.

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  3. Y qué decir de esto: http://www.elmundo.es/elmundo/2007/06/15/espana/1181869879.html

    Calvo-Sotelo: 'Por miedo a que el PCE arrasara, UCD ayudó con dinero al PSOE'

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  4. Siento ir de abuelito Cebolleta, pero hay teorías sobre al servicio de quiénes están las leyes, sean electorales o medioambientales, desde la infancia del movimiento obrero y, después, marxista, anarquista y comunista.

    Esa es la base del escepticismo que uno arrastra respecto a la democracia, a pesar de lo mucho que eso indigne a un montón de gente.

    Un saludo.

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  5. un ciudadano9:34 p. m.

    Para mi es indispensable la elección directa de presidentes y alcaldes a dos vueltas. Esto implica que seremos los ciudadanos y no el parlamento (en realidad la cupula de los partidos) quienes elijamos a presidentes y alcaldes.

    Los beneficios para los ciudadanos son muchísimos, aunque los partidos pequeños, incluidos los que dicen ser republicanos, se mostrarán en contra por la perdida radical de poder que sufririan. Lo calificaran de antidemocratico, cuando lo que si es antidemocrático es que los paritdos hayan suplantado la soberania del pueblo español. También en la situación actual el PSOE se opondría por que ellos dependen hoy por hoy de los partidos pequeños y estos le diran que de elecciones ejecutivas ni hablar.

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